Gritos bajo la tierra

 

El Hades, el inframundo de los mitos griegos, tenía reservados sitios de descanso y retribución como los egipcios: por una parte las almas de los héroes y las personas virtuosas podían alcanzar los Campos Elíseos y las Islas de los Bienaventurados; por otra, aquellos que encendían la ira de los dioses o cometían grandes crímenes iban al Tártaro, la zona más profunda de aquel submundo, un sitio de dolor y sufrimiento sin límites.

Personajes como el mentiroso y asesino Sísifo, o Ixión, el mortal que intentó seducir a Hera, convivían con monstruos como los Titanes y los Hecatónquiros, gigantes con 50 cabezas y un centenar de brazos. Las almas que no correspondían a uno u otro sitio –que eran la mayoría- habitaban en alguna de las regiones del Hades, a través de las cuales surcaban cinco ríos que llegaban hasta las fronteras con la tierra de los vivos y qué solo Caronte, el barquero espectral, podía cruzar. Gritos bajo la tierraHades reinaba sobre aquel lugar junto con Perséfone, su esposa, en tanto que Radamantis, Eaco y Minos dictaban con justicia el destino de los muertos.

Una regla reinaba por sobre las demás: todos entraban al Hades, pero nadie salía, y el guardián Cerbero se encargaba de cumplir la consigna. Normas similares existieron en otras culturas, pues es aceptado que nadie vuelve de la muerte –aunque se pueden contar unas cuantas excepciones, por lo general héroes o personajes semidivinos-.